Mal entendido que dice: “si quieres la podemos dejar aquí”.
Yo me subo las escaleras, voy respirando para evitar que la sangre de los pensamientos se me revuelva con las tripas.
Respiro 21 veces. Ahora es demasiado oxígeno para articular mis ideas. Sólo me tiro sobre la cama, viendo hacia arriba le digo que esto es una apuesta a ganar, que se juega en el filo de la posibilidad de perder, perdernos uno al otro (destructivos y catastróficos como nos sabemos). Yo me acerco, me pesa más la distancia y menos el enojo. Lo abrazo para decirle que “vamos bien, nos estamos conociendo, esto es lo esperado”. Él me da un beso y responde a mi cercanía. Los ojos tardan unos 45 segundos en responder y encontrarse. Nos quedamos allí, uno al lado del otro sobre nuestra cama.